Huidos y guerrilleros antifranquistas en el centro de España.

Benito Díaz Díaz
Conferencia-coloquio Club de Amigos de la Unesco 08/02/2006
CUADERNOS DEL CAUM 
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1. La lucha por la supervivencia: los huidos.
La paz, lejos de lo que afirmó el general Francisco Franco en su discurso victorioso del 1 de abril de 1939, no llegó por completo a todos los rincones de la geografía española,
pues las autoridades del nuevo régimen, tras acabar con la legalidad republicana, no estaban dispuestas a favorecer la reconciliación nacional ni a permitir la inserción de los vencidos en la sociedad. Esta actitud vengativa de las autoridades franquistas no debería haber representado ninguna sorpresa para nadie, pues desde el levantamiento armado contra la República, los militares rebeldes utilizaron con profusión y de manera sistemática el terror contra la población civil. Era la puesta en práctica de lo establecido por el general Emilio Mola, auténtico cerebro del golpe de Estado contra la República, que en sus Instrucciones Reservadas enviadas el 25 de mayo de 1936 a los militares conspiradores, pedía que la represión fuese en extremo violenta, para acabar con rapidez con los adversarios políticos, numerosos y bien organizados, eliminando a todos aquellos que fuesen abierta o secretamente defensores del Frente Popular. Siguiendo estas instrucciones, el 17 de julio, cuando todavía en la península la sublevación militar no pasaba de ser un lejano rumor, fueron asesinadas en localidades del norte de África un total de 189 personas, por mantenerse fieles al Gobierno de España1.

Se ponía con ello de manifiesto el carácter sanguinario del golpe de Estado y que la cosa iba en serio, sin marcha atrás posible. Al poco tiempo de iniciado el conflicto bélico, el 28 de julio, el general Francisco Franco le manifestó en Tánger al periodista norteamericano Jay Allen, del Chicago Daily Tribune, que estaba dispuesto a acabar con la mitad de los españoles si ello era necesario para pacificar el país2. Declaraciones de esta clase, en las que no se disimulaba nada el espíritu de exterminio del adversario político fueron efectuadas con mucha frecuencia por la mayoría de los mandos militares franquistas a lo largo de la contienda civil. Así, el capitán Gonzalo de Aguilera, conde de Alva de Yeltes, le dijo al periodista norteamericano John T. Whitaker, del The News York Herald Tribune, que había que “matar, matar y matar” a todos los rojos, para extirpar el virus bolchevique y librar a España de “ratas y piojos”. Según este noble terrateniente había que eliminar a un tercio de la población masculina, de esa forma se acabaría con el problema del paro obrero y con el peligro que para las clases dominantes representaba el proletariado3.

Al finalizar la contienda civil, el miedo a sufrir los efectos de esta fuerte represión llevó a decenas de militares republicanos a ocultarse en las zonas montañosas del centro de España, a la espera de que llegasen mejores tiempos y disminuyese la intensidad de la represión, para entonces entregarse a las nuevas autoridades, pero no para seguir una lucha que ya habían perdido. Luego, con el paso de los años y en clara sintonía con la evolución de la política internacional, vendría la organización de la lucha armada contra el régimen franquista que había sido impuesto por la fuerza y el terror tras la sublevación militar del 18 de julio de 1936.

En marzo de 1939, junto a varios soldados más, se ocultó en los montes próximos a Los Navalmorales (Toledo), Telesforo Aguado Ronco, natural de La Villa de Don Fadrique, que mandaba la 47ª Brigada Mixta republicana, con sede en San Martín de Pusa, donde residía junto a su esposa y a su hija4. Durante meses Telesforo Aguado estuvo bajando con frecuencia a este pueblo para ver a su familia, hasta que un hermano de su mujer, de ideología falangista, le sorprendió una noche y le mató5. Entre otros muchos, también se escondieron en las sierras comprendidas entre Ciudad Real y Toledo, Maximiliano Mateo Fernández, Sinesio Sánchez Martín, Aniceto Bermúdez Gómez, Alejandro Barrera Núñez, Felipe Rosal Benítez, Agustín Muñoz Gil, Amado Celestino del Valle, Jesús Fernández García, Santos Sánchez López, Francisco Aldavaris Gómez, Anastasio Rubio Aguado, Mariano Muñoz Martín y Felipe Linares Baroja6. Para tratar de detener a estos derrotados soldados republicanos, calificados inicialmente por las autoridades franquistas como “marxistas huidos”7, se distribuyeron varios batallones militares por las sierras de esas provincias.

El huido más conocido que hubo por esas sierras fue Eugenio Sánchez-Gabriel Esteban-Manzanares “El Rubio de Navahermosa”, que había sido presidente del Comité Revolucionario de su pueblo durante la Guerra Civil8. Al terminar la contienda intentó salir de España por el puerto de Cartagena, pero al no conseguirlo regresó a su pueblo donde se encontró con que su padre, militante de Izquierda Republicana, estaba encarcelado condenado a muerte, pena que se le aplicó el 23 de octubre de 19399. Con este grave antecedente familiar, “El Rubio” decidió ocultarse en el monte, cerca de donde vivía su familia, pues sabía que si se entregaba sería fusilado. Se le vinculaba con una decena de muertes, entre ellas la de uno de los más destacados caciques de su pueblo10, que ante las elecciones generales de febrero de 1936 fue casa por casa coaccionando a las personas humildes para que no votasen al Frente Popular11.

También Braulio García Fernández “Comisario” regresó a su pueblo, Navas de Estena (Ciudad Real), con la intención de vivir junto a su familia, pero al saber que los falangistas le buscaban para matarle se escondió en la sierra. Otro ejemplo de estos primeros huidos fue el caso de Valeriano Gálvez Arce, alcalde republicano de Marjaliza, que decidió permanecer escondido en la sierra Medina, próxima a su pueblo, donde consiguió sobrevivir hasta el mes de marzo de 194012, cuando su enlace le mató para cobrar la recompensa ofrecida por las autoridades franquistas. Por esas mismas sierras estuvieron escondidos cuatro hombres de Menasalbas: Saturnino Gómez Muñoz “Margallo”, Domingo Mariblanca García-Díaz “Mariblanca”, Benigno Escobar Gutiérrez “Trascanta” y Modesto Sánchez Benítez “El Aceitero”13. “Margallo”, de 63 años, no quiso entregarse porque sabía que los falangistas de su pueblo le matarían, como habían hecho con dos de sus hijos, Bernardino y Juan Gómez Sánchez, éste de sólo 15 años. Otro de sus hijos, Silvestre Gómez Sánchez, había sido alcalde de Menasalbas en marzo de 1936, y colaborado activamente en el reclutamiento de milicianos y en la organización del Batallón Dimitrof, encuadrado en la 48ª Brigada de la 12ª División, de la que llegó a ser comandante. Silvestre Gómez14, después de permanecer escondido varios meses en la sierra, logró su objetivo de escapar a Francia, donde en 1943 sería nombrado jefe del XIV Cuerpo de Ejército de Guerrilleros Españoles.

Poco a poco se fueron incorporando, tras escaparse de las abarrotadas cárceles franquistas, nuevos hombres a los grupos de huidos que se habían formado en las sierras españolas. Uno de éstos fue Valentín Gil Valiente “El Chato de la Puebla”, que el 24 de septiembre de 1939 se fugó de la cárcel de Navahermosa (Toledo), en la que estaba condenado a muerte por un consejo de guerra celebrado el 27 de junio de 1939. De no haberse escapado habría sido fusilado el 11 de noviembre de 1939 junto a sus nueve compañeros de condena15. Otro de los huidos que se ocultó en la sierra fue el militante comunista José Manzanero Marín “El Manzanero” que durante la Guerra Civil fue secretario general del Comité Regional del PCE en Extremadura16. Tras fracasar en su intento de salir de España por el puerto de Alicante, fue detenido y llevado a la prisión de Quintanar de la Orden (Toledo), de donde se escapó el 10 de noviembre de 1939, un día antes de la fecha señalada para su fusilamiento. El 12 de marzo de 1940 se escaparon de la cárcel de Herrera del Duque (Badajoz) Honorio Molina Medina “Comandante” y Joaquín Ventas Cita “Chaquetalarga”, que serían célebres por las sierras extremeñas. Meses después se fugarían de la escuela que hacía las veces de improvisada cárcel en Aldeanueva de San Bartolomé (Toledo), Jesús Gómez Recio “Quincoces”, y su hermano Saturio “Quijote”17. Con el paso del tiempo “Quincoces” se convertiría en uno de los principales guerrilleros de la zona centro. El 4 de noviembre de 1940, junto a su padre y a sus hermanos Asunción, Antonio y Manuel, se fue a la sierra José Méndez Jaramago “El Manco de Agudo”, de 25 años, cansado de las continuas vejaciones a las que era sometido por las fuerzas represivas.

El principal objetivo de estos huidos, en su gran mayoría de ideología comunista, era salvar la vida, estando muy lejos en aquellos primeros momentos de estar guiados por un espíritu guerrillero de oposición a un enemigo que ya les había derrotado cuando formaban parte del Ejército republicano, compuesto por cientos de miles de soldados. De hecho, el grupo liderado por “Quincoces” pretendió en los primeros años de su existencia pasar lo más desapercibido posible, arriesgándose únicamente a salir de sus escondites cuando tenía que realizar operaciones de abastecimiento de víveres.

En la abrupta provincia de Ávila también hubo soldados republicanos que decidieron esconderse antes que entregarse, pero aquí, al contrario de lo que ocurrió en otras zonas, el fenómeno de los huidos desapareció pronto, tras ir entregándose o ser capturados, de tal forma que en los inicios de los años cuarenta este problema había desaparecido por completo.

La presencia de huidos en las sierras centrales obligó a las autoridades del nuevo régimen a incrementar de manera notable los efectivos de la Guardia Civil18, aunque su persecución fue en principio mixta, pues hasta los primeros meses de 1942 también colaboró en su represión una División de Caballería, con sede en Aranjuez (Madrid), al mando del coronel Gustavo Urrutia González. A partir de 1942 el Ejército quedó como fuerza auxiliar y, desde entonces, la Guardia Civil cargó con todo el peso en la lucha contra los huidos.

La vida en el medio rural, que ya de por sí era tremendamente difícil, se vio todavía más complicada por la publicación el 26 de diciembre de 1940 de un bando militar que regulaba al detalle la vida económica, responsabilizando a toda la población de los actos realizados por los de la sierra.

El permanente acoso al que fueron sometidos los huidos por parte de la Guardia Civil, que logró abatir en los primeros meses de 1940 a un buen número de ellos, llevó a José Manzanero, destacado dirigente comunista, y a otros cinco huidos a intentar escapar a Francia, pero no tuvieron éxito en su aventura. Al año siguiente, tras producirse decenas de muertes entre los huidos y sus colaboradores en Los Montes de Toledo, la mayoría de los huidos de la zona centro intentaron escapar de España, esta vez vía Portugal, pero la policía salazarista abortó la evasión, y tan sólo uno consiguió llegar a Venezuela. Los que no murieron en el empeño, entre los que se encontraban “Quincoces” y su hermano “Quijote”, regresaron a las sierras de las que habían partido, a la espera de una nueva oportunidad19.

Las duras condiciones de vida que soportaban los huidos durante esos años, sin apenas perspectivas de futuro, empezaron a cambiar al ver como el Ejército alemán era derrotado de manera contundente en Stalingrado, en febrero de 1943. A partir de entonces, la favorable evolución de la guerra mundial en curso para los ejércitos aliados les dotó de esperanza y de una moral de victoria de la que antes carecían por completo.

En este contexto de cambio de signo en la guerra mundial, nos encontramos en la provincia de Ávila con Adolfo Lucas Reguilón García “Severo Eubel de la Paz”20, que hizo una apuesta muy personal por la lucha armada contra el régimen franquista. Este atípico guerrillero, sin duda uno de los más interesantes de cuantos hubo en las sierras españolas, era un maestro natural de Villa del Prado (Madrid), que en julio de 1943 se refugió en Piedralaves (Ávila). En septiembre de ese año, gracias a unos folletos que le proporcionaron unos enlaces que tenía en Madrid, supo de la existencia de la Junta Suprema de Unión Nacional, en la que podían entrar todos los españoles, desde los monárquicos y católicos hasta los comunistas y anarquistas, pues no se buscaba establecer un determinado régimen político, sino acabar con el franquismo y con la Falange, y restablecer las libertades y la democracia en España. La JSUN estaba dirigida por Jesús Monzón, máximo dirigente de la Delegación Nacional del PCE.

“Severo Eubel de la Paz”, militante comunista desde mayo de 1936, se tomó muy en serio la Unión Nacional y empezó a organizar juntas locales por los pueblos de los valles del Alberche y del Tiétar. Estas juntas estaban formadas por un máximo de siete miembros, que debían tener un gran prestigio en la localidad, no debiéndose discriminar a nadie por su ideología, con tal de que estuviese de acuerdo con la línea de apertura política y democrática que defendía la Unión Nacional.

A pesar de sentirse un guerrillero, no hizo ningún canto a la violencia y se dedicó básicamente a desarrollar una intensa labor propagandística, escribiendo multitud de folletos políticos y los periódicos Uníos y El Guerrillero Carpetano, que elaboraba con una pequeña imprenta portátil que siempre llevaba consigo. Para “Severo” no había que atacar ni a los soldados ni a la Guardia Civil, institución con la que pretendió establecer un pacto de no agresión, pues no quería que la denominada Zona M o Zona Mirlo de Unión Nacional, que era como denominaba al territorio en que actuaba y en el que tenía establecidas sus bases guerrilleras, se “manchara de sangre”.

El contenido grandilocuente y fantasioso de su propaganda política despistó bastante a las fuerzas represivas, que le encasillaron al margen del resto de los guerrilleros. También los dirigentes comunistas le consideraron un visionario, incapaz de analizar adecuadamente la realidad española, y le acusaron de tener demasiadas apetencias de protagonismo y de mando, por lo que en varias ocasiones le llamaron al orden, cosa que no le importó demasiado a “Severo”, cuya línea política, a pesar de sus errores, tuvo mucho más éxito en las sierras de Ávila y Madrid que la táctica guerrillera diseñada por los mandos políticos vinculados al PCE.

2. La 1ª Agrupación Guerrillera del Ejército de Extremadura-Centro
A medida que la guerra mundial era cada vez más favorable para los aliados, el optimismo de los antifranquistas españoles iba en aumento, especialmente entre los comunistas, que pensaban que había llegado el momento de provocar la tan deseada insurrección nacional.

Para organizar la Jefatura Nacional de los Guerrilleros, el PCE eligió a José Isasa Olaizola “Fermín”, que estaba exiliado en Argentina. “Fermín” desembarcó el 14 de noviembre de 1943 en Lisboa, y desde aquí, gracias a un guía que conoció de manera accidental, cruzó la frontera española por la provincia de Orense, llegando a Madrid el 20 de noviembre21. El proyecto de la dirección del PCE consistía en enlazar con los grupos de huidos refugiados en las sierras de la zona centro y dotarles de organización y de disciplina militar. Se pretendía crear un amplio frente guerrillero que se extendiese desde el río Tajo hasta el Guadalquivir. El núcleo principal de este frente guerrillero debía abarcar las provincias de Madrid, Ávila, Toledo, Ciudad Real, Albacete, Cáceres, Badajoz y Córdoba, y sus repercusiones se deberían hacer sentir también en Salamanca, Guadalajara y Cuenca por el norte, y Jaén por el sur. Para los dirigentes comunistas, las provincias de Toledo y Ávila, por su proximidad geográfica con Madrid, gozaban de gran importancia estratégica, pues si la guerrilla lograba arraigar en ellas se podía dar la sensación de tener cercada la capital de España.

Para llevar a cabo su misión, “Fermín” contó con el apoyo y la experiencia de varios veteranos del partido: Dionisio Tellado Vázquez “Mario de Rosa”, Ramón Guerreiro Gómez “Julio” y Jesús Bayón González “Carlos”.

En mayo de 1944, en un molino situado en el término municipal de Fresnedoso de Ibor (Cáceres), “Carlos” y “Mario de Rosa” se entrevistaron con Jesús Gómez Recio “Quincoces”, Joaquín Ventas Cita “Chaquetalarga” y José Díaz Monje “El Francés”, que eran tres de los principales líderes de las partidas de huidos que actuaban por los montes toledanos, ciudadrealeños y extremeños. Los tres aceptaron de buen grado la colaboración con los hombres enviados por el PCE, que era también el partido político al que ellos pertenecían.

Tras esta entrevista, “Carlos” y “Mario de Rosa” enviaron un informe a “Fermín”, jefe del todavía inexistente Ejército Guerrillero del Centro, en el que se decía que la misión que les habían encomendado era complicada por la escasa organización política que tenían los huidos, siendo difícil convertirlos de la noche a la mañana en guerrilleros dispuestos a pasar a la ofensiva contra el franquismo.

Pese a las muchas dificultades con las que se encontraron, “Carlos” y “Mario de Rosa” consiguieron, poco a poco, organizar política y militarmente a los diferentes grupos existentes en el centro geográfico de la Península. Con esta materia prima constituyeron en las cuevas de la Sierra de Altamira, situadas entre las provincias de Toledo y Cáceres, la Agrupación Guerrillera de Extremadura, cuya acta fundacional está fechada el 5 de noviembre de 194422. El mando militar de la Agrupación se le otorgó a “Carlos”, auxiliado por “Mario de Rosa” como jefe de Estado Mayor. Para dirigir la educación y la preparación política de los guerrilleros se eligió a “Quincoces”, oriundo de la zona y verdadero jefe de la agrupación en la sombra. El 14 de noviembre de 1944 se puso marcha la Agrupación de Los Montes de Toledo, Ciudad Real y Badajoz, más conocida como Agrupación Toledo, compuesta por unos 70 guerrilleros, que eligieron como jefe a José Manzanero Marín. En la reunión fundacional de esta agrupación estuvieron presentes algunos huidos procedentes de Córdoba, que pudieron apreciar los escasos medios de los que disponían los integrantes de las partidas que actuaban en la zona centro, que carecían de armas y de ropa adecuada, pues algunos iban vestidos con pieles, como los “hombres primitivos”23. Para contrarrestar la formación de estas agrupaciones, el teniente coronel Manuel Gómez Cantos, jefe de la Comandancia cacereña y responsable de la persecución de los huidos en el 2º Sector (Badajoz, Cáceres, Ciudad Real y Toledo), a quien la Dirección de la Guardia Civil le había concedido plenos poderes en la lucha contra los huidos, y que no dudó en abusar de su autoridad, no faltando en su hoja de servicios los asesinatos en masa e incluso el fusilamiento de varios guardias civiles en Mesas de Ibor (Cáceres), abandonó por momentos sus prácticas violentas y adoptó una medida conciliadora, dando un plazo de 20 días para que los huidos abandonasen la sierra y se presentasen a las autoridades, garantizándoles el perdón. Para demostrar que la propuesta iba en serio, Gómez Cantos fue a la sierra, sin armas y solo con su ordenanza, a hablar personalmente con “Quincoces” y liberó a varios huidos que habían sido apresados, permitiéndoles vivir en sus pueblos, sin ser molestados por las fuerzas de orden público, ante la enorme sorpresa de sus vecinos. La propuesta tuvo éxito en la zona de Navalvillar de Pela (Badajoz), pero su incidencia fue muy escasa en las provincias de Cáceres y de Toledo, donde ya se había avanzado bastante en la estructura organizativa de la guerrilla.

En esos momentos, los dirigentes comunistas españoles creían que la carestía de la vida, la escasez de productos de primera necesidad y los bajos salarios, así como la evolución de la coyuntura política internacional, hacían posible el desarrollo de un fuerte movimiento guerrillero. Los socialistas, por el contrario, ponían todas sus esperanzas para el derrocamiento del dictador en una intervención militar de las potencias aliadas, aunque pronto, los dirigentes socialistas acabarían desengañándose de esta posible intervención aliada en España24. También la Confederación Nacional del Trabajo se desvinculó desde el principio de la resistencia armada, aunque no faltaron anarquistas en las diferentes agrupaciones guerrilleras, pero a título individual.

De esta forma, gracias a la pasividad de las otras organizaciones de izquierdas, así como a la clara apuesta que el PCE hizo por la lucha armada para derrocar a un régimen impuesto por la fuerza y el terror, los comunistas consiguieron aglutinar en el llamado Ejército Guerrillero del Centro a las diversas partidas de huidos que andaban dispersas por las sierras. Este ejército guerrillero se fue construyendo sobre la marcha, sin una idea claramente elaborada. Así, en enero de 1945 se cambió el diseño que se había establecido en noviembre de 1944, pasando la Agrupación Guerrillera de Extremadura a denominarse 1ª Agrupación Guerrillera del Ejército de Extremadura-Centro, cuyo marco de acción comprendía las provincias de Toledo, Cáceres, Ávila, Madrid y límites norte de Badajoz y Ciudad Real25.

Para conocer personalmente a los dirigentes y guerrilleros de esta 1ª Agrupación, “Fermín” y Pedro Sanz Prades “Paco el Catalán”, jefe del Estado Mayor del Ejército Guerrillero del Centro, fueron a las cuevas de la Sierra de Altamira. Durante varias semanas instruyeron a los guerrilleros en la política de la UN y les dieron clases prácticas de explosivos. “Fermín” pudo apreciar la escasa preparación que tenían los guerrilleros de las cuatro divisiones que componían la 1ª Agrupación. Una de las cosas que menos le gustó fue la presencia de mujeres en la sierra. En un informe que envió a “Mariano”, máximo responsable del Regional del PCE de Madrid, le decía que había mujeres, que sin ser las esposas de los guerrilleros se unieron a éstos “en plan de concubinaje y ello imposibilitaba a cinco de los mejores guerrilleros con buenas armas y, además, por conocer de antaño las andanzas de los guerrilleros de la Agrupación, así como la mayoría de nuestros puntos de apoyo, su caída en manos del enemigo (cosa muy fácil) suponía el poner al descubierto la organización”26. “Fermín” prohibió la presencia de estas cinco guerrilleras en la sierra, y ordenó que fueran llevadas con sus familiares o a labranzas de enlaces de la guerrilla, orden a la que nadie hizo demasiado caso, a pesar de que la mayoría de los guerrilleros compartía sus puntos de vista, no sólo por cuestiones de seguridad, sino también porque la rivalidad sexual que originaba socavaba la solidaridad del grupo27. Luego, la existencia de niños de pecho en los campamentos, pues fueron varias las guerrilleras que dieron a luz en la sierra, acrecentaba el riesgo de que los guardias civiles descubriesen los campamentos en los que se ocultaban.

En realidad no fueron cinco, sino ocho las guerrilleras que anduvieron por las sierras comprendidas en la 1ª Agrupación28: Casimira Álvarez Felipe “Jopa”, Daniela Barroso Escudero “Madroña”, Carmen Ruiz Rubio “Vivillo”, Rosa Parrilla Pulido “Rosa”, Elisa Paredes Aceituno “Golondrina”, María Rodríguez Juárez “Goyerías”, su hermana Paula “Migueleta” y Enriqueta Otero “María Dolores”. Ésta última, aunque militante comunista, estuvo un tiempo en la Sierra de Gredos junto a un grupo de anarquistas liderado por Santiago Flores Sánchez “Cariñoso de Gredos”, que utilizaba estas sierras como base para llevar a cabo sus operaciones29. Durante unos meses también estuvo en la sierra Orencia Ventas Cita, hermana de “Chaquetalarga”, jefe de la 13ª División, infiltrada por el capitán Chacón para que pusiese al descubierto los campamentos y los puntos de apoyo de la guerrilla extremeña. Sin embargo, la connivencia de Orencia con la Guardia Civil fue descubierta por los guerrilleros30. El papel de estas mujeres fue bastante secundario en la guerrilla, realizando sobre todo labores de intendencia, pues no participaban directamente en las operaciones guerrilleras o de abastecimiento31. Según “Carlos” la constitución de la 1ª Agrupación Guerrillera significó un importante salto cualitativo en la lucha contra el franquismo en la zona centro de España. Sin embargo, la Guardia Civil afirmaba no haber notado ninguna diferencia entre el proceder de los huidos y el de la guerrilla. En cualquier caso, la situación de los guerrilleros no varió demasiado, aunque ahora sí que contaban con la esperanza de acabar pronto con el régimen franquista. La vida en la sierra siguió siendo difícil, pues los grandes objetivos políticos quedaban todavía diluidos en un objetivo más inmediato y tangible como era la simple supervivencia. Los problemas que planteaba la vida cotidiana absorbían la mayor parte de las energías de los componentes de la 1ª Agrupación, quedando la disciplina y la organización militar en un segundo plano.

Las armas de las que disponían eran por lo general viejos fusiles y escopetas que conseguían en los asaltos a las labranzas, o se las quitaban a los guardas y cazadores. A veces, los guerrilleros fabricaron bombas de mano con dinamita que robaban de canteras o polvorines.

Aunque procuraban ir uniformados con cazadoras de cuero, camisas de color caqui, que era el que mejor se adaptaba a la vida en el monte, pantalones de pana y botas de cuero negras, las grandes dificultades que tenían para conseguir las más elementales prendas de vestir hizo que este deseo fuese imposible de cumplir. Incluso no llevaban ni tan siquiera los clásicos brazaletes con los colores de la bandera republicana que los identificase como miembros del Ejército Guerrillero del Centro. En ocasiones, a la hora de realizar alguna operación de propaganda, desplegaban la bandera tricolor para darse a conocer como “soldados de la República”, con las connotaciones de luchadores por la democracia y las libertades que esto llevaba asociado.

Las cuatro divisiones que componían la 1ª Agrupación Guerrillera debían entregar 30.000 pesetas al mes a “Fermín”, como jefe del Ejército Guerrillero del Centro, para sufragar los gastos que en la retaguardia ocasionaba mantener la guerrilla. A cambio de este dinero, que pocas veces entregaron, “Fermín” y “Paco el Catalán” llevaron a los guerrilleros varios fusiles ametralladores, algunas pistolas, municiones y propaganda política32. Si les mandaron en varias ocasiones algunos guerrilleros procedentes de la resistencia francesa, como fue el caso de “René” y “Calandrio”, que no aportaron mucho a la lucha antifranquista, especialmente el primero, que acabó colaborando con la Guardia Civil. A finales de 1944 mandaron un grupo de maquis a la Sierra de Gredos, pero en esta zona era difícil la vida guerrillera, tanto por los rigores del clima como por la escasez de enlaces. Este grupo fue detectado en las proximidades de Navalonguilla (Ávila) por las fuerzas represivas, por lo que abandonaron la zona y se fueron hacia las sierras andaluzas33.

3. El fracaso de la guerrilla antifranquista
Para el desenlace de la lucha contra la actividad guerrillera en las provincias de Toledo, Ciudad Real, Cáceres, Badajoz y Ávila, tuvo gran trascendencia la llegada del teniente coronel Eulogio Limia Pérez, que pasó a dirigir la Comandancia de Toledo por orden ministerial de 7 de febrero de 1945. Este oficial se reveló como uno de los mejores estrategas en la lucha contra la guerrilla, consiguiendo dotar de fuerte moral de victoria a unos guardias civiles que se movían por un terreno bastante escabroso y que combatían a unos enemigos bien preparados físicamente y capaces de recorrer hasta 50 kilómetros en una sola noche, a los que veían en contadas ocasiones, lo que originaba cierto desánimo entre aquellos que estaban ansiosos de victorias y de rápidos ascensos.

Eulogio Limia potenció el papel de las contraguerrillas, formadas por cinco o seis guardias civiles, generalmente voluntarios y seleccionados, vestidos como los guerrilleros, a los que acompañaba a veces algún vecino, buen conocedor del terreno. Con el tiempo, estos prácticos fueron sustituidos por guerrilleros capturados o entregados, que accedían a colaborar con las fuerzas represivas. En la zona centro fueron bastantes los ex guerrilleros que contribuyeron de manera activa en la exterminación de sus antiguos compañeros. Las contrapartidas hicieron todavía más difícil la vida diaria de los campesinos, que confundidos muchas veces y cogidos entre dos fuegos, no sabían que carta jugar.

Ante la falta de perspectivas, los integrantes de la Agrupación Toledo decidieron disolverla a finales de 1945, convencidos de que el movimiento guerrillero en España no tenía futuro. José Manzanero, el jefe de esta agrupación, se ocultó en su pueblo, consiguiendo en 1949 atravesar la frontera francesa. Pero el PCE no se daba por vencido y a finales de 1945 mandó a dos hombres procedentes de Francia a reforzar las guerrillas de Los Montes de Toledo, pero no tuvieron suerte, pues antes de lograr conectar con ellas, fueron descubiertos por la Guardia Civil. Otros dos maquis, Antonio Moreno Manzano “Lister” y José Díaz Estévez “Piti”, que habían entrado en España en octubre de 1944, fueron enviados el 22 de diciembre de 1945 a reforzar la guerrilla de Albacete34, después de que los dirigentes comunistas desistieran de enviarlos a Gredos, que eran donde inicialmente iban destinados.

Pronto se vio que José Manzanero tenía razón, pues a finales de diciembre de 1945 eran detenidos dos guerrilleros de “Quincoces”. La Guardia Civil supo por uno de ellos donde se encontraba su principal campamento, en el que al ser asaltado murieron tres guerrilleros y cinco más fueron capturados. A partir de entonces será una huida continua de los escasos supervivientes de la guerrilla, buscando cada uno su propia salvación. Algunos, como “Chaquetalarga” y “Tarzán”, consiguieron llegar a Francia, pero no tuvieron la misma suerte ni “Quincoces” ni “El Francés”, que fueron abatidos por la Guardia Civil.

También “Carlos”, jefe de la 1ª Agrupación, murió en un enfrentamiento el 13 de septiembre de 1946, en Talavera de la Reina (Toledo). La documentación intervenida a un guerrillero que se encontraba con “Carlos” llevó a la detención de “Fermín” y de la casi totalidad de la dirección del Ejército Guerrillero del Centro. En esa localidad toledana fueron detenidos un buen número de enlaces, quedando desmantelada casi por completo la Agrupación35.

En Ávila las cosas no fueron mejor, pues aunque el PCE intentó potenciar la guerrilla en esta provincia, habiendo reorganizado la Agrupación de Gredos en septiembre de 1946, las fuerzas represivas consiguieron abatir a la casi totalidad de sus integrantes. El balance de los años 1944 y 1945, que se presumían claves para acabar con la dictadura franquista, resultó poco satisfactorio para las fuerzas guerrilleras españolas. A pesar de ello, la prensa guerrillera trataba insistentemente de animar a un movimiento que languidecía día a día en la zona centro, a medida que se alejaba la posibilidad de que los ejércitos aliados interviniesen en España. En muchos de los números de Mundo Obrero, órgano oficial del PCE, se hablaba de un sinfín de acciones victoriosas de la guerrilla, pero en realidad estas acciones se reducían casi por completo a operaciones de abastecimiento para conseguir víveres y a secuestros para obtener dinero.

Si la apuesta por la guerrilla podía contar en esos años con argumentos que la justificasen, a medida que avanzaba el año 1946 y la ansiada intervención aliada no se producía, la guerrilla estaba completamente abocada al más rotundo de los fracasos, pues el tiempo y la política internacional jugaban a favor de Franco, a pesar de que éste, en buena medida, había conseguido la victoria gracias a la esencial ayuda prestada por las potencias fascistas, con las que había colaborado de manera activa durante la Segunda Guerra Mundial. Pero ahora, para los gobiernos británico y estadounidense, en el contexto de la llamada guerra fría entre el mundo occidental y el comunista, existían ya otros peligros más graves que el franquismo, por lo que prefirieron el mantenimiento de un gobierno fascista débil al restablecimiento de una república socialmente avanzada en España.

Así, ante la imposibilidad de salir de España, los escasos guerrilleros que siguieron con actividad fueron cayendo uno tras otro. En marzo de 1949 eran abatidos “El Manco de Agudo” y sus dos compañeros de partida en las sierras de Retuerta del Bullaque (Ciudad Real). Un año después, el 30 de abril, los cuatro integrantes del grupo liderado por Eugenio Herrera “Cuquillo”, natural de Castilblanco (Badajoz), caían acribillados en Minas de Santa Quiteria (Toledo). Entre ellos se encontraba Elisa Paredes Aceituno “Golondrina”, compañera sentimental de “Cuquillo”.

En la zona centro sólo quedó operativa la guerrilla liderada por el comunista cordobés Francisco Blancas Pino “Veneno”, que en los años cincuenta todavía elaboraba propaganda política. Tenían dos sellos de madera, uno con la palabra El Guerrillero y otro con Lucha, con la hoz y el martillo36. Sus cuatro integrantes, a pesar de que sufrieron la deserción de “Peñas Negras” en 1954, consiguieron alcanzar la frontera francesa en junio de 1955.

Dos años después de esta evasión, las autoridades franquistas disolvieron los pocos destacamentos que había en Los Montes de Toledo por “haber desaparecido las causas que motivaron su creación”. Era la clara constatación del fracaso de la guerrilla antifranquista en el centro de España, algo que ya se había puesto de manifiesto de una manera evidente diez años atrás.

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NOTAS:

1 J. Casanova, “Una dictadura de cuarenta años”, en Morir, matar, sobrevivir. La violencia en la dictadura de Franco, Barcelona, Crítica, 2002, pág. 62.
2 S. Juliá, Víctimas de la Guerra Civil, Madrid, Temas de Hoy, 1999, pág. 25.
3 J. T. Whitaker, We cannot escape history, New York, The Macmillan Company, 1943, págs. 108−110.
4 Al iniciarse la guerra, Telesforo Aguado colaboró en la fundación del batallón Carlos Luis Preste, en honor del dirigente comunista brasileño. Su esposa había pertenecido a una congregación religiosa de Toledo, pero en julio de 1936 abandonó el convento y se refugió en la casa de su madre, en San Martín de Pusa, donde conocería a su futuro marido.
5 J. Guerra Vázquez, La biografía de un desconocido, (texto mecanografiado), pág. 130. Telesforo Aguado vivía de lo que le proporcionaba su familia y de pequeños robos que efectuaba en labranzas de la zona.
6 Archivo General Militar de Ávila. Documentación Nacional. Comandancia de Talavera de la Reina, armario 10, legajo 452, carpeta 20.

7 Capitanía General de la 1ª Región Militar. Causa E-20.068 contra Jesús López Sánchez y varios más.
8 Procedimiento sumarísimo ordinario nº 19.546, seguido contra Paula Sánchez Miguel, (propiedad de Juan Sánchez Sánchez).
9 Registro Civil de Navahermosa. Libro de Defunciones.
10 Archivo Histórico Nacional. Madrid. Causa General, caja 1045.
11 Archivo de la Diputación Provincial de Toledo. Elecciones. Actas de la Junta Provincial del Censo Electoral, año 1936. Esta persona, veterinario de profesión, amenazaba a las familias humildes con “quemarles el cochino” en la época de las matanzas.
12 Archivo Histórico de Izquierda Republicana. Expediente de Responsabilidades Políticas que se siguen contra Valeriano Gálvez Arce.
13 Archivo Histórico Provincial de Toledo. AC. 11.154. Telegrama del comisario jefe del Cuerpo General de Policía al jefe policial de Piedras Albas, Toledo, 22 de septiembre de 1942. 14 Silvestre Gómez estaba acusado de haber participado en diferentes asesinatos cometidos en su pueblo y en San Martín de Montalbán (AHN. Madrid. Causa General, caja 1047). 15 Capitanía General de la 1ª Región Militar. Procedimiento sumarísimo de urgencia nº 13.334/39 y causa E-15.926 contra Valentín Gil Valiente. 16 Extremadura Roja, Órgano del Comité Regional del PCE (1933-1938), edición facsímil, Mérida, 1994. 17 Capitanía General de la 1ª Región Militar. “Causa nº 37.873. Procedimiento sumarísimo de urgencia nº U-771 contra Saturio Gómez Recio”.
18 Servicios Históricos de la Guardia Civil. Historia de la 104 Comandancia de la Guardia Civil, Toledo, (texto mecanografiado), págs. 39-42.
19 B. Díaz Díaz, La guerrilla antifranquista en Toledo. La primera Agrupación Guerrillera del Ejército de Extremadura−Centro, Talavera de la Reina, Colectivo de Investigación Histórica Arrabal, 2001, págs. 87−88.
20 Según Adolfo Reguilón este nombre significaba “serio e incorruptible, luchador en la buena guerra por la paz”

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